Dialogo con Gladys Loys

DSCN7531Gladys Loys, Licenciada en Filosofía por la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud (FHCsSyS), cuenta con una extensa trayectoria como docente e investigadora en nuestra Universidad. Su historia de vida, marcada por la década del ´70, la convirtió en militante en pos de la justicia y la lucha por los derechos humanos. Desde su experiencia y conocimientos abordaremos los modos discursivos y prácticos de las personas frente a la concepción de los Derechos Humanos y la figura de la Justicia.

“Mi crecimiento profesional está muy asociado a la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE), en la que fui estudiante y hoy me desempeño como docente. Tengo más de 25 años de antigüedad y he pasado por distintos niveles del sistema educativo, pero en el que más he estado es en el nivel superior, universitario y no universitario”.

“En cuanto al nivel personal, hay opciones éticas en la vida de todo ser humano que en mi caso estuvieron muy vinculadas al contexto histórico y político que vivimos en los años ´70; las cuales me llevaron a sensibilizarme en mi carácter de estudiante universitaria”, comentó haciendo alusión a esta historia que marcó a los argentinos, dejando aún heridas abiertas.

“No quisiera iniciar deteniéndome demasiado en esta etapa. Desearía empezar por una cuestión más cercana y puntual, referirme de lo que somos hoy nosotros; y digo nosotros, pensando en aquellos que fuimos y permanecemos unidos formando parte de una causa común. Quisiera hacerlo con sentido colectivo, desde una comunidad de pares de pensamiento, re-interrogando algunas categorías sobre cómo miramos el mundo hoy, la realidad, y explicar lo que pienso al respecto”.

Sobre lo que se dice y lo que se hace

“Creo que todo ser humano tiene una percepción de la vida y del mundo que se comunica a través de modos discursivos y prácticos. Lo práctico comprende desde el lenguaje gestual, corporal, hasta las decisiones que se toman en espacios laborales….en todos  los ámbitos de relaciones. Este lenguaje tiene un significado para sí mismo y para los otros que lo ven”.

“Toda esa capacidad discursiva y práctica que tiene el ser humano para simbolizar su vida y darle sentido, es lo que llamamos cultura; como tema es tratado desde muchas disciplinas pero fundamentalmente en la Antropología”.

“Entender en prácticas de  relación lo que es el otro y quién es uno mismo, prácticas y discursos en los que se intercambian de sentido, lleva a saber que no existen relaciones igualitarias. Por ende, sería muy ingenuo considerar que somos todos iguales, aunque deseemos eso y breguemos por ello, por crear condiciones para el acceso a recursos materiales y simbólicos, los que el mismo hombre ha ido produciendo”, aclaró.

La lucha por los Derechos Humanos

“Esa desigualdad de la que hablamos,  a veces, lleva a extremos para mantenerse, desde el sometimiento por  violencia simbólica, hasta el exterminio humano como sucedió en varias ocasiones en la historia. Consideramos a través de qué medios, con qué vías, qué actividades y acciones, de qué forma y con quiénes trabajar para que esa situación de desigualdad desaparezca”. A lo que añadió: “Intentándolo, al menos, para que en un sentido no sea tan enorme la diferencia en el acceso que tienen algunos sujetos al propio derecho a disponer de bienes que otros acumulan”.

Respecto a la desigualdad, expuso: “hablar de acumulación no es sólo hacer referencia a acumular bienes de un modo inocente, sino también al uso de ese privilegio en contra de los demás”.

“Estoy pensando en términos de Derechos Humanos; un área muy específica y compleja que toma material de muchos campos disciplinares, pero que se circunscribe -no a mi gusto- demasiado en el área del Derecho Jurídico”.

“Los Derechos Humanos deberíamos pensarlos  excediendo el marco Jurídico,  para ampliarlos, incluyendo mas derechos para mas sujetos (niñez, mujer, campesino, estudiantes, pueblos originarios y otros); no sólo contemplarlos en el ámbito de la Justicia, es decir cuando faltan y se reclama sino cuando faltan y se los amplia por conquistas en la luchas por ellos”.

En este sentido, añadió: “Pareciera ser que nuestro ámbito máximo al que hemos llegado como sociedad es el acudir y depender de la Justicia; vamos hacia ella para que nos de la última palabra, pero también sabemos que con eso solo no alcanza. Que La Justicia se pronuncie y puede decidir a quién le corresponde el castigo y la absolución, no obra ni corrige inmediatamente las injusticias que se siguen produciendo en la sociedad”.

“Si la sociedad sigue manejándose con parámetros de significados producidos por grupos de poder hegemónicos, va a caminar a destiempo entre lo que dice la justicia y el accionar de la gente. Para ser ilustrativa: muchas comunidades son discriminadas y tratadas peyorativamente excluidas, como el pobre, el negro, el gay, la mujer; son sujetos tratados desde una  percepción construida con sentido  de  falta, pensado desde lo que se le atribuye que carece como déficit, incompleta deficitaria que produce del desorden, sobre lo que hay que ir a completar, a civilizar, imponiendo un orden, que denunciamos como violento”,  finalizó.

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